SIN TI NO SOY NADA

Conducía despacio por la solitaria carretera, disfrutaba tanto las curvas y el paisaje, que apenas era consciente de la música que sonaba en la radio. De repente una canción, mil veces escuchada, le hizo seguir la letra:

“…Mi alma, mi cuerpo, mi voz, no sirven de nada

Porque yo sin ti no soy nada

Sin ti no soy nada…”

Aquellas palabras que tan reales las vivió entonces, ahora le parecían absurdas, sabía perfectamente que la felicidad estaba en uno mismo, no necesitaba a nadie para vivir y ser feliz. Una pareja podría ser un complemento, nunca, el motor de su existencia… Tendría que llamar a Eva para darle su opinión sobre esa letra pasada de moda…

Inesperadamente, un ciervo cruzó la carretera, se asustó y volvió a ser consciente del momento, ¿Cuántos kilómetros había recorrido sin darse cuenta de ello? Giró bruscamente el volante e introdujo el morro del coche en un camino, anduvo marcha atrás y colocó el vehículo en sentido contrario al que traía, puso la primera y aceleró… segunda… volvería a recorrer el mismo camino a la inversa, ahora si disfrutaría las curvas y el paisaje que pasó sin ver; sentía que nadie en el mundo le podía persuadir de lo contrario y se sintió feliz… Ella apoyó la mano en su rodilla y con gesto sorprendido preguntó: ¿Qué haces?

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