LA MOSCA

Mientras comía, miraba embelesado los movimientos que una mosca algo más grande de lo normal, hacía sobre el cristal de la ventana; fue justo al tumbarme a descansar cuando cambió el rígido cristal por la suave textura de mi piel, el tiempo pasaba y yo, cada vez más nervioso, me quité la camiseta y la aticé de lleno con ella, cayó inerte al suelo, la cogí con mis dedos y la tiré a la basura.

Al llegar la noche, levanté la tapa del cubo de basura para tirar los resto de la cena, algo se abalanzó sobre mí, me empujó y me hizo sentar de culo, algo aturdido conseguí fijar la vista en una mosca algo más grande de lo normal que aleteaba fija ante mí y con sus ojos fijos en los míos, entendí perfectamente lo que me quería decir: «Te la debo». Dio la vuelta y se fue volando hacia algún sitio que no pude seguir.

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