DÍAS DE ARTE RUPESTRE

Cuatro, cinco, seis amigos.. quedamos cualquier día a desayunar, de allí a la sierra, alguno que ya conoce el sitio, nos sirve de guía para ir directos a los abrigos de pinturas. Entre abrigo y abrigo, perderse entre los inmensos roquedales y la abundante vegetación es un placer, buscamos sobre paredes de piedra, cuevas, cualquier sitio donde hace miles de años, otro hombre, muy parecido y a la vez muy distinto a nosotros, pudiese haber hecho unos trazos, difíciles de interpretar para el hombre actual. De repente, alguno de nosotros grita:

«Aquí !!»

Una pequeña cueva, aparece repleta de pinturas sin catalogar, la excitación que nos produce el descubrimiento, se convierte en felicidad y queda sellado con un brindis.

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